Relación de fechas y sedes del taller de poesía

 

Día/febrero

Lugar

25

Sala de lectura de la biblioteca

 

 

Día/marzo

 

4

sala de juntas piso 11 del edificio A

11

sala de juntas piso 11 del edificio A

25

Auditorio Bermúdez

 

 

 

 

Día/abril

 

1

Auditorio Bermúdez

8

sala de juntas piso 11 del edificio A

15

Auditorio Bermúdez

22

Auditorio Bermúdez

29

Auditorio Bermúdez

 Imagen

El inicio del cuerpo matemático

A partir de las palabras que cada quien escogió para jugar, Patricia armó unas frases con ellas.

1. Camino por la calle pornográfica borrosa, tratando de que mi corazón pequeño olvide tu insulto.

Lo que comentamos en clase es que la frase está llena de adjetivos lo que le va restando fuerza, además de que no deja de establecer relaciones de semejanza entre las palabras como, caminar por la calle.

Calle pornográfica intenta encontrar algo pero no lo logra del todo.

¿Qué podrías hacer con estas palabras?

Te recomiendo no buscar nuevas palabras sino jugar con las que tienes. Sí puedes quitar algunas o convertir sustantivos en verbos o viceversa.

Te dejo una frase más para armar algo, mientras te tomas una hora del día y un rico café.

2. Tu cuerpo matemático, frío, suculento y oculto iluminan mi mente.

Rubén Bonifaz Nuño

ALGO SE ME ha quebrado esta mañana
de andar, de cara en cara, preguntando
por el que vive dentro.

Y habla y se queja y se me tuerce
hasta la lengua del zapato,
por tener que aguantar como los hombres
tanta pobreza, tanto oscuro
camino a la vejez; tantos remiendos,
nunca invisibles, en la piel del alma.

Yo no entiendo; yo quiero solamente,
y trabajo en mi oficio.
Yo pienso: hay que vivir; dificultosa
y todo, nuestra vida es nuestra.
Pero cuánta furia melancólica
hay en algunos días. Qué cansancio.

Cómo, entonces,
pensar en platos venturosos,
en cucharas colmadas, en ratones
de lujosísimos departamentos,
si entonces recordamos que los platos
aúllan de nostalgia, boquiabiertos,
y despiertan secas las cucharas,
y desfallecen de hambre los ratones
en humildes cocinas.

Y conste que no hablo
en símbolos; hablo llanamente
de meras cosas del espíritu.

Qué insufribles, a veces, las virtudes
de la buena memoria; yo me acuerdo
hasta dormido, y aunque jure y grite
que no quiero acordarme.

De andar buscando llego.
Nadie, que sepa yo, quedó esperándome.
Hoy no conozco a nadie, y sólo escribo
y pienso en esta vida que no es bella
ni mucho menos, como dicen
los que viven dichosos. Yo no entiendo.

Escribo amargo y fácil,
y en el día resollante y monótono
de no tener cabeza sobre el traje,
ni traje que no apriete,
ni mujer en que caerse muerto.


Fuego de pobres, 
1961

 

 

arton161132

¿Podrías decir qué es lo que sorprende de este poema?

Los caballos no lloran

Los caballos de Aquiles* 

Poema de Constantino Cavafis

 

Cuando vieron a Patroclo muerto, 
tan fuerte, joven y gallardo, 
prorrumpieron en llanto los caballos de Aquiles.

Su naturaleza inmortal se conmovió 
al ver la obra de la muerte; 
movieron las cabezas, agitaron las crines en el aire 
y golpearon la tierra con sus patas. 
Lloraban a Patroclo al darse cuenta que estaba sin vida, 
su carne inerte, 
su alma perdida, sin aliento, salida a la gran nada.

Zeus vio las lágrimas de los inmortales caballos 
y se entristeció: “No debí actuar impulsivamente 
en la boda de Peleo. No debí regalarlos. 
Tristes caballos.

¿Qué tenían que hacer allá, 
entre los desdichados humanos, juguetes del destino? 
Ustedes, para quienes no existe la muerte ni la vejez, 
si algún problema humano los alcanza 
caerán también en la desdicha.”

Sin embargo, los caballos continúan llorando 
por el interminable desastre que es la muerte.

A. 1911

* Los dos inmortales caballos (engendrados por Céfiro —viento del Oeste— y la arpía Podarge) se llamaban Balio y Janto. El poema es adaptado de la Ilíada; XVI (149-154) y XVII (426-447).

Este poema provoca esa tensión de la que hablamos en una entrada anterior. Los caballos no lloran, por eso el poema empieza a sorprendernos.

¿Qué otros elementos que producen tensión puedes encontrar en el poema?

Comparte tus hallazgos en el espacio de los comentarios.

 

La compota de palabras

La descripción de la compota de palabra que hace la editorial Algarabía es: “frasco con 540 imanes con palabras de todo tipo. Se pueden usar para dejar recados, poemas, frases seductoras y absurdas.”

Nosotros trabajaremos con algo similar. Cada uno de nosotros traerá diez palabras, las que les provoquen, las que les gusten, las que suenen raro. No importa. Lo que queremos es jugar con la palabras, con estas unidades mínimas de sentido para tratar de construir imágenes poéticas.

Estamos acostumbrados a trabajar con las palabras estableciendo relaciones de semejanza entre ellas, es decir, utilizamos palabras que pertenecen al mismo campo semántico, armamos frases que expliquen, no escapamos del sentido literal de la frase.

Por ejemplo:

camino

vereda

tierra

suelo

piedras

Y con estas palabras armamos frases como:

Caminaba por la vereda de tierra roja llena de pequeñas piedras.

Toda la frase está construida a partir de relaciones de semejanza. No hay un sólo elemento que no se reconozca.

Si utilizamos las misma palabras combinándolas con palabras que pertenecen a otro campo semántico expandemos la noción del sentido porque armamos a partir de metáforas vivas, diría Ricoeur, es decir, provocamos una “tensión entre dos términos en una expresión metafórica” ; es decir, la tensión o la metáfora sucede en el encuentro “entre dos interpretaciones opuestas [… y] es el conflicto entre estas dos interpretaciones lo que sostiene la metáfora.” Así pues, “la metáfora no existe por sí misma, sino dentro y a través de una interpretación […] que impone un giro, […] una extensión del significado […]”. (Ricoeur, 63)

camino                                      sal

vereda                                       aspaviento

tierra                                          fugaz

suelo                                           atrapar

piedras                                      llamarada

 

Juguemos con estas palabras.

¿Qué pasa cuando reúno suelo y fugaz? ¿Qué puedo hacer con esto?

El suelo fugaz… ¿Qué evoca esto? ¿Crea una imagen?

Entre más palabras tengan y sobre todo reúnan a lo que parece imposible, más cerca están de la poesía.

¡¡ A jugar entonces!!

 compota-roja

 

 

 

Cuarta carta de Rilke … encariñarnos con las preguntas

IV

Worpswede5, cerca de Bremen, a 16 de julio de 1903

He abandonado París hace unos días, por cierto bastante enfermo y cansado, para acogerme a esta gran llanura norteña, que con su amplitud, su calma y su cielo, ha de devolverme la salud. Pero aquí he venido a caer bajo una lluvia persistente hasta hoy, que es cuando empieza a escampar un poco sobre esta comarca, sin sosiego azotada por los vientos. Aprovecho, estimado señor, este primer momento de claridad, para saludarle.

Mi querido señor Kappus: he dejado mucho tiempo sin respuesta una carta suya. No porque la hubiese olvidado. Al contrario: es una de esas cartas que nos agrada releer cuando volvemos a encontrarlas entre otras, y en ella le reconocí a usted como desde muy cerca. Me refiero a su carta del 2 de mayo, que seguramente recordará. Cuando la leo, como ahora, en medio del gran silencio de estas lejanías, su bella inquietud por la vida me causa una emoción aun más intensa que la que sentí ya en París, donde todo suena de otro modo y acaba por perderse, desvaneciéndose entre el enorme estruendo que allí hace retemblar todas las cosas. Aquí, rodeado de un imponente paisaje batido por los vientos que los mares le envían, siento que a esas preguntas e inquietudes, que por sí mismas y allá en sus profundidades tienen vida propia, nadie puede contestarle. Pues aún los mejores yerran con sus palabras, cuando éstas han de expresar algo en extremo sutil y casi inefable.

Creo, sin embargo, que usted no ha de quedar sin solución si sabe atenerse a unas cosas que se parezcan a éstas en que ahora se recrean mis ojos. Si se atiene a la naturaleza, a lo que hay de sencillo en ella; a lo pequeño que apenas se ve y que tan improvisadamente puede llegar a ser grande, inmenso; si siente este cariño hacia las cosas ínfimas y, con toda sencillez, como quien presta un servicio, trata de ganar la confianza de lo que parece pobre, entonces todo se tornará más fácil, más armonioso, de algún modo más avenible. Tal vez no en el ámbito de la razón, que, asombrada, se queda atrás, pero sí en lo más hondo de su conocimiento, en el constante velar de su alma, en su más íntimo saber.

Por ser usted tan joven, estimado señor, y por hallarse tan lejos aún de todo comienzo, yo querría rogarle, como mejor sepa hacerlo, que tenga paciencia frente a todo cuanto en su corazón no esté todavía resuelto. Y procure encariñarse con las preguntas mismas, como si fuesen habitaciones cerradas o libros escritos en un idioma muy extraño. No busque de momento las respuestas que necesita. No le pueden ser dadas, porque usted no sabría vivirlas aún -y se trata precisamente de vivirlo todo. Viva usted ahora sus preguntas.6 Tal vez, sin advertirlo siquiera, llegue así a internarse poco a poco en la respuesta anhelada y, en algún día lejano, se encuentre con que ya la está viviendo también. Quizás lleve usted en sí la facultad de crear y de plasmar, que es un modo de vivir privilegiadamente feliz y puro. Edúquese a sí mismo para esto, pero acoja cuanto venga luego, con suma confianza. Y siempre que ello proceda de su propia voluntad o de algún hondo menester, écheselo a cuestas sin renegar de nada.

El sexo es una dura y difícil carga, sí, pero es precisamente duro y difícil7 cuanto nos ha sido encomendado. Casi todo lo que es serio es también arduo, y todo es serio… Con tal que usted reconozca esto y, por sí mismo, conforme a su peculiar modo de ser y a sus aptitudes, merced a su infancia, a su experiencia y a sus propias fuerzas, llegue a conseguir y a mantener con el sexo una relación del todo propia y personal, libre de la influencia que por lo común ejercen convencionalismos y costumbres, ya no debe temer entonces ni el perderse a sí mismo, ni el hacerse indigno de su más preciado bien.

El goce propio del sexo es una emoción sensual como el simple mirar. O como la mera sensación que colma la lengua mientras saborea una hermosa fruta. Es una experiencia grande, infinita, que nos es regalada. Un conocer del mundo, la plenitud y el esplendor de todo saber… Y lo malo no está en vivir esta experiencia, sino en que casi todos abusen de ella y la malgasten. Empleándola como incentivo y esparcimiento en los momentos de mayor lasitud, en vez de vivirla con recogimiento para alcanzar sublimes culminaciones. También del comer, por cierto, han hecho los hombres otra cosa. Por un lado la miseria, por otro la opulencia excesiva, han empañado la nitidez de este menester. De modo parecido se enturbiaron también los profundos y sencillos menesteres. en virtud de los cuales la vida se renueva. Pero cada individuo, para sí mismo, puede tratar de devolverles su pureza, viviéndolos con límpida sencillez. Si esto no está al alcance de cualquier individuo -porque cada cual depende demasiado de otros-, sí está al alcance del hombre solitario. Puede éste recordar que tanto en las plantas como en los animales, toda belleza es una callada y persistente forma de amor y anhelo. Puede también ver a los animales como ve a las plantas: uniéndose, multiplicándose y creciendo, no por ningún placer ni por ningún sufrimiento físico, sino doblegándose ante necesidades más grandes que el goce y el dolor, más poderosas que toda voluntad y que toda resistencia. ¡Oh, si el hombre pudiese acoger con ánimo más humilde y llevar con mayor seriedad este misterio, del que está llena la tierra hasta en sus cosas más pequeñas! ¡Y lo soportara, sintiendo cuán terrible y agobiante es su peso, en vez de tomarlo a la ligera! ¡Y se inclinara con profunda veneración ante su propia fecundidad, que es una sola! ¡Tanto si parece espiritual como si parece material! Pues también el crear del espíritu arranca del mundo físico. Es de su misma esencia y como una reproducción más sutil, más arrobadora y más perenne del goce carnal.

“La idea de ser creador, de engendrar, de dar forma y vida” nada es sin su amplia, perpetua confirmación y realización en el universo. Nada sin el ascenso que, de mil modos repetido, emana de los animales y de las cosas. Y si su disfrute resulta indeciblemente bello y rico, es sólo porque está pleno de recuerdos heredados de los engendramientos y partos de millones de seres que nos precedieron… En un pensamiento creador reviven miles y miles de noches de amor olvidadas, que lo llenan de nobleza y celsitud. Y los que en las noches se juntan, entrelazados y voluptuosamente mecidos en su amor, llevan a cabo una empresa muy seria, y atesoran dulzuras, hondura y fuerza para el himno de algún poeta venidero, que un día se alzará para cantar inefables delicias. Así llaman al porvenir. Y aun cuando yerren, aun cuando sean ciegos sus abrazos, el porvenir llega. Surge un nuevo ser, y en el ámbito del acaso que ahí parece haberse consumado, despierta la ley en virtud de la cual un germen de vida vigoroso y resistente irrumpe con ímpetu, haciéndose paso hacia el óvulo que, abierto, sale a su encuentro. No se deje engañar por lo que aparezca en la superficie. En las profundidades es donde todo se vuelve ley. Y aquellos que vivan falsa y torpemente ese misterio -son muchísimos-, sólo para sí mismos lo pierden. Pues, con todo, lo retransmiten como un mensaje cerrado, sin llegar a conocerlo. Tampoco debe desconcertarse ante la multiplicidad de los nombres, ni ante la complejidad de las cosas. Quizás haya por encima de todo una gran maternidad como anhelo común… La hermosura de una virgen, es decir, de un ser que -como usted lo define con tan bellas palabras- “no ha dado aún nada de sí”, es maternidad que se presiente a sí misma, y se prepara temerosa y anhelante: Y la belleza de la madre es maternidad empeñada en su servidumbre: Y en la mujer anciana perdura una gran remembranza.

Yo creo que también en el hombre hay maternidad. Tanto en su espíritu como en su cuerpo. Pues su modo de engendrar es así mismo una especie de parto. También es parto cuando crea al impulso de una íntima plenitud. Acaso haya entre los sexos mayor grado de parentesco y afinidad que el que se supone comúnmente. Y la gran Renovación del mundo consistirá quizás en que el hombre y la mujer, una vez libres de todo falso sentir y de todo hastío, ya no se buscarán mutuamente como seres opuestos y contrarios, sino como hermanos y allegados. Uniéndose como humanos, para sobrellevar juntos, con seriedad, sencillez y paciencia, el arduo sexo que les ha sido impuesto.

Pero todo cuanto tal vez algún día llegue a ser asequible para muchos, lo puede aprestar ya desde ahora el hombre solitario, edificándolo con sus manos que yerran menos. Por eso, estimado señor, ame su soledad y soporte el sufrimiento que le causa, profiriendo su queja con acentos armoniosos. Si, como dice, siente que están lejos de usted los seres más allegados, es señal de que ya comienza a ensancharse el ámbito en derredor suyo. Y si lo cercano se halla tan lejos, es que la amplitud de su vida ha crecido mucho y alcanza ya las estrellas. Alégrese de su propio crecimiento, en el cual, por cierto, a nadie puede llevarse consigo. Y sea bueno con cuantos se queden rezagados, permaneciendo seguro y tranquilo ante ellos, sin atormentarlos con sus dudas ni asombrarles con su firme confianza en sí mismo, o con su alegría, que ellos no sabrían comprender. Trate de conseguir algún modo de convivencia con ellos. Un algo común, que sea sencillo, modesto, sincero, que no tenga necesidad de alterarse, aunque usted siga transformándose más y más cada día. Ame la vida que en ellos se manifiesta en forma extraña a la suya propia. Y sea indulgente con aquellos que van envejeciendo, y temen la soledad en que usted tanto confía. Evite enconar con nuevos motivos el drama siempre tenso entre padres e hijos, que en los jóvenes consume muchas fuerzas, y en los ancianos corroe ese cariño que siempre obra y da su calor, aun cuando no comprenda… No les pida consejo, ni cuente con su comprensión. Pero tenga fe en un amor que le queda reservado como una herencia, y abrigue la certeza de que hay en este amor una fuerza y también una bendición, de cuyo ámbito no necesita usted salirse para llegar muy lejos. *

Está bien que, por de pronto, desemboque en una carrera que le vuelva independiente y le confiera completa autonomía en todos los sentidos. Aguarde con paciencia hasta poder averiguar si su vida íntima se siente limitada y cohibida por las formas propias de esta profesión.8 Yo la tengo por muy difícil y llena de exigencias, porque está gravada de muchos y grandes convencionalismos. Y porque en ella hay apenas cabida para una concepción personal de sus cometidos. Pero su soledad, aun en medio de circunstancias extrañas a su modo de ser, le servirá de sostén y de hogar. Y desde ahí podrá usted descubrir todos sus caminos.

Mis mejores votos se hallan prontos a acompañarle, y mi confianza está con usted.

Su

Rainer María Rilke

 Imagen

Correo 1…

Correo 1

Saludos a todos.

 
Les agradezco el entusiasmo de la primera clase. 
 
Les recuerdo el nombre de la lectura para la próxima sesión: Cartas a un joven poeta de Rainer Maria Rilke. 
Les envío la versión digital del texto, aunque no estaría nada mal visitar el fin de semana una librería, comprar el libro y leer alguna carta mientras se toman un cafecito.
 
Les recuerdo que la próxima sesión será en la sala de juntas del piso 11, en el mismo edificio, el A. No olviden llevar sus tarjetas con palabras para poder jugar. 
 
Le anexo también el programa del taller.
 
Buena semana
 
Edith
 
P.S. para los visitantes de blog les dejo la liga http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/cartas_a_un_joven_poeta.htm

Rilke y las “Cartas a un joven poeta”

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí, como antes lo preguntó a otras personas. Envía sus versos a las revistas literarias, los compara con otros versos, y siente inquietud cuando ciertas redacciones rechazan sus ensayos poéticos. Pues bien -ya que me permite darle consejo- he de rogarle que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Nadie… No hay más que un solo remedio: adéntrese en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que le impele a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Y, procediendo a su propia confesión, inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Ante todo, esto: pregúntese en la hora más callada de su noche: “¿Debo yo escribir?”

La poesía y la Modernidad

A continuación les dejo algunas páginas de un ensayo que escribí y sobre el que trabajamos la primera clase.  

 

 

Hugo von Hofmannsthal y las paradojas de la Modernidad

 

En la introducción a Todo lo sólido se desvanece en el aire, Marshall Berman apunta: “Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete […] crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos.”  (Berman, 1)

Hugo von Hofmannsthal, poeta austriaco nacido en 1874, en un ensayo, a modo de carta ficticia de Lord Chandos a Francis Bacon, nos presenta la gran paradoja que significa vivir la Modernidad. El mundo ha dado un vuelco, lo que era, ya no lo es más. Con una gran melancolía, Lord Chandos le refiere a Bacon la ilusión que los hombres tenían del mundo como unidad: “[…] aparecería ante mí, en una suerte de continua embriaguez, la existencia misma como una gran unidad: el mundo espiritual y el corporal no mostraban contradicción alguna entre sí, como tampoco el comportamiento cortesano y animal, el arte y su negación, la soledad y la sociedad […]” (Hofmannsthal, 98)

Un estado del ser, anterior al presente, se diluye, y es a partir de este vacío que inicia la reflexión. El mundo habitado se transforma en un nuevo espacio en el que ni siquiera es posible nombrar las contradicciones que se presentan. “¿Cómo habré entonces de intentar describiros esos extraños tormentos espirituales, este brusco alejamiento de las ramas cargadas de frutos ante mis manos extendidas, este retirarse de las aguas murmurantes ante mis labios sedientos?” (99-100) Expresa bien el poeta el intenso drama que vive dentro de sí; en él recae el conflicto entre “su visión « solida » y su visión « evanescente ».” (Berman, 85) El mundo conocido se aparta de los hombres, “[…] el escenario mundial […] se ha desintegrado y metamorfoseado en algo irreconocible, […] en una construcción móvil que se desplaza y cambia de forma bajo los pies de los intérpretes. (86) ¡Cuán angustiosa ha de ser la vida para el poeta! ¡Qué dolor experimenta cuando los frutos del mundo conocido se alejan y las aguas se niegan a calmar su sed! Y es que el hombre moderno ya no puede abrevar en los lugares habituales porque el espacio que habita sólo es terra incongnita.

Hofmannsthal prefiere alojarse en el tiempo, “[…] en la casa del tiempo, bajo la escalera, donde todos han de pasar ante él sin que ninguno lo note”. (Hofmannsthal, 220) La inercia de la vida toma a los demás, pero no al poeta porque él “Es el contemplador […] el callado hermano de todas las cosas” (221). En esta terra incognita él es “un extraño”, “un muerto”, afirma, “que sopesa todo en una balanza insegura mientras deja tan sólo pasar el tiempo”. (220) Y de este tiempo, sólo reconoce al presente como el espacio habitable, pues el pasado ha dejado de ser referente. Él es presente, como las cosas, como su experiencia; “Todo en él debe y quiere reunirse. Él es quien vincula en sí los elementos del tiempo. Si no es en él, en ningún sitio está el presente”. (222) Pero incluso también en el tiempo acontece la paradoja. Podríamos afirmar que Hofmannsthal pregunta: ¿cómo sucede la vida si en el tiempo “todo […] es y no es simultáneamente”? (Hofmannsthal, 208) Y no hay respuestas porque la Modernidad parece acarrear sólo un sinnúmero de preguntas.

Cuando Berman cita a Marx nos parece escuchar también el lamento del poeta: “Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas […].” (Berman, 7) La existencia del poeta es ahora un tema para reflexionar. ¿Cuáles son las nuevas condiciones de existencia?, parece preguntar Hofmannsthal. ¿Cuál es ahora la relación entre el lenguaje y el poeta? ¿Cuál es la relación entre el mundo y la poesía? ¿Puede el poeta nombrar la experiencia? ¿En verdad las palabras pueden dar cuenta del mundo? ¿Es el poeta el hermeneuta?

La primera gran fractura que el poeta percibe del mundo sucede a través de su experiencia de “[…] la existencia misma como una gran unidad.” (Hofmannsthal, 98) La fantasía en esta supuesta unión se ha roto. El poeta creía que “Lo uno era como lo otro […] Se  me ocurría que todo eran semejanzas y cada criatura llevaba dentro la clave de otra.” (98) Lo que es o parecía ser ya no lo es más. El hombre entra en un nuevo estado de consciencia y el poeta moderno da cuenta de ello. “El tiempo abunda en cosas que parecen vivas y están muertas, abunda en tales cosas que se consideran muertas y que son extraordinariamente vivas.” (208) Hofmannsthal se adelanta a su época porque es capaz de mirar que la vida no implica un “todo coherente” como señala Marshall Berman. Lo vivo no está vivo y lo muerto no lo está del todo. Si el mundo contiene esta paradoja, el mundo es un oxímoron y las cosas se presentan conteniendo al menos dos lados que aparentemente se contradicen. 

“Las cosas se disgregan, el centro no las contiene” afirma Marx. (Berman, 83) Y es que el centro se ha perdido, si tomamos al centro como la referencia vital de las cosas.  “¿Soy acaso […] aquel que […] cuya suntuosidad verbal ocultaba simples pastorales tambaleantes […]? ¿Y soy también […] aquel que […] creía descubrir por sí solo estructuras del periodo latino […]?” (Hofmannsthal, 96) La cultura griega y la cultura latina han dejado de ser el centro de la práctica literaria, así como la retórica ha dejado de ser, para el poeta moderno, el recurso de su escritura: “[…] la retórica pura, tan útil para las mujeres o para la Cámara de los Comunes, […] no basta para penetrar el interior de las cosas.” (96) “Penetrar el interior”, casi una búsqueda en una caverna, auxiliados por el hilo de Ariadna que otro poeta alemán, Gottfried Benn, nos sugiere tener a la mano para poder crear, en lo que él llama “el proceso genético de un poema”. (Benn, 186)

Pero penetrar el interior no se limita exclusivamente a las cosas; el poeta moderno busca hacerlo con él mismo. Los temas están agotados. El pasado, la tradición que se consideraba una fuente inagotable de sentido se ha secado. ¿De qué escribir ahora? ¿De dónde abrevar? El poeta vuelve la mirada hacía sí mismo y descubre en él una fuente posible. “Y es justamente mi interior el que he de poner de manifiesto ante vosotros”, (Hofmannsthal, 96) sostiene el poeta. En este interior participan diversos estados del alma que el poeta ignora de dónde provienen; el mundo interior provoca distintos sensaciones como: “[…] experimentar que el líquido de la vida y de la muerte, del sueño y de la vigilia, fluye en uno por un instante”. (104)

No existe un medio que pueda relacionar a la pasada producción literaria con la futura. Ambas se encuentran alejadas y sin posibilidad de enlace. El poeta confiesa que “[…] un   abismo sin puentes [lo] separan tanto del trabajo literario por realizar como del ya realizado” (Hofmannsthal, 96). Y es que la ruptura es la clave de la Modernidad. “Todo lo sólido se desvanece en el aire [afirma, Marx]; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” (Berman, 7)

Una vez extraviado el Paraíso, el poeta moderno encuentra que ha “[…] perdido la capacidad de pensar o hablar coherentemente”. (Hofmannsthal, 100) Añade, más adelante, que las palabras no acuden a su boca. Si de algo podemos estar seguros es que, para este poeta, el problema que le plantea la Modernidad descansa en la palabra; en lo irreconocible de su sentido, en sus gastados atributos, en lo indemostrable de sus significados. La lengua, afirma Hofmannsthal, “hace posible que el poeta gobierne un mundo a partir de la oscuridad”. (216)

Pero qué pasa si las palabras se desmoronan “como hongos putrefactos”, si, como añade, “flotan a [su] alrededor, transformándose en ojos que [lo] observan y a los que [él también debe] observar.” (100-101) La palabra ha cobrado vida para aterrar al poeta. Lo vigila. Ya no confía en él. De algún modo ha adquirido autonomía y se revela ante el ser que pretende usarla. Las palabras “torbellinos son [exclama el poeta] que me dan vértigo si los miro con detenimiento, que se agitan irrefrenablemente y a través de los cuales uno se precipita en el vacío.” (101)

La palabra ya no es ancla, es vacío, caída, soledad. La palabra, o mejor dicho, la relación que el poeta guardaba con ella entra crisis en la Modernidad. Como bien señala Berman, “El segundo logro burgués ha sido liberar la capacidad y el impulso humano para el desarrollo: para el cambio permanente, para la perpetua conmoción y renovación de todas las formas de vida personal y social.” (Berman, 89) Y el poeta no está exento de esta conmoción; por el contrario, sensible a ella, se arroja al torbellino de la crisis en espera de que “dos cisnes […] vistos con los ojos de la poesía [puedan revelar] lo inexpresable del mundo”. (Hofmannsthal, 118-199)